“Uno se vuelve feminista con su historia": Florence Thomas

  • Florence Thomas es una de las voces más influyentes del feminismo en Colombia. Durante cerca de 50 años ha trabajado por la reivindicación de los derechos de las mujeres.
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"Soy feminista porque creo que el feminismo representa uno de los últimos humanismos en esta tierra desolada y porque he apostado a un mundo mixto, hecho de hombres y mujeres que no tienen la misma manera de habitar el mundo, de interpretarlo y de actuar sobre él".

Estas palabras cuelgan en la puerta de entrada de la casa de Florence Thomas. Hacen parte de un manifiesto sobre el feminismo escrito por ella en el 2008, y advierten, de alguna forma, sobre la mujer que es.

Podría decirse que son palabras que intentan resumir sus ideales de lucha desde que llegó a Colombia hace 55 años, pero en realidad se quedan cortas ante la mujer que las escribió, pues su lucha no se resume en un manifiesto, ni siquiera en su enorme biblioteca en donde se vislumbran autores como Simone de Beauvoir o Virginia Wolf. Su lucha habita en sus historias.

Recuerda, por ejemplo, uno de sus tantos viajes por Colombia, en los cuales la invitaban a hablar sobre los derechos de las mujeres. En aquella ocasión, hace 25 años, visitaba Montería y luego de su charla, regresando al hotel, sus anfitriones le ofrecieron pagar otra noche si los acompañaba a una feria de ganadería que se llevaría a cabo al siguiente día. Una aventura exótica para una mujer francesa: ganaderos con fajos de billetes en los bolsillos, música, aguardiente, vacas desfilando y jurados evaluando las ubres, el peso y otros atributos de los animales.

Para ella, un recuerdo imborrable, narrado dentro un contraste: hacía tan solo una semana acababa de escribir su primera columna para El Tiempo, en donde hacía una crítica a los reinados de belleza en Colombia por la cosificación de las mujeres. Para ella, aquella feria de ganadería y la forma en que los medios de comunicación hablaban sobre los cuerpos y las operaciones estéticas de las aspirantes eran "exactamente lo mismo".

Historias como esta la hacen la mujer que es hoy en día y, precisamente, fue su historia la que le llevó a luchar por las mujeres. Nació en una familia normanda en donde sus hermanos tenían todo el tiempo más derechos que ella. En sus palabras "una suma de pequeñas cosas" que, desde muy pequeña, la hicieron consciente de la desigualdad entre hombres y mujeres, y que luego, serían las semillas con las que llegó a París en los revolucionarios años sesenta, en los que coincidió con filósofos de la talla de Jean Paul Sartre, Michel Focault y Simone de Beauvoir, mientras estudiaba su maestría en Psicología Social.

Luego, otra historia, esta vez de amor, la trajo a Colombia sin saber una gota de español. Una travesía que la enfrentó con un país en donde todavía no había mujeres ciudadanas y la palabra mujer era igual a ser madre. "Encontré un país patriarcal de una manera impresionante y yo llegaba con una maleta llena de contradicciones, de debates y de ideas por hacer realidad", dice.

"Yo me acuerdo cuando llegué a Colombia, los hombres de mi generación no sabían dónde quedaba la cocina, y cuando terminaban su taza de tinto hacían así (señala con la mano). A ver si alguien, una mujer, les venía a recoger el tinto", agrega.

Florence es de aquellas mujeres valientes a las que muchos criticaban por "salirse de su rol". Así como hubo una primera médica u abogada, ella fue la primera profesora en dictar la materia de psicología social en la Universidad Nacional de Colombia. Allí, con una empanada y un yogurt, decidió citar a otras mujeres para conversar sobre su rol en la sociedad. Así nació el grupo 'Mujer y Sociedad' que perdura hasta hoy y con el que han entablado importantes discusiones sobre salud, participación política, amor, guerra, ciudad, familia, vejez y muchos otros temas que afectan a las mujeres colombianas.

"Tengo que abrir los ojos"

Florence es una amante de la presencialidad, y sin embargo, no ha podido escapar del mundo de las TIC. Como profesora de la Nacional, tuvo que llevar sus clases a la virtualidad durante la pandemia. Eso sí, "con la cámara encendida" porque para ella la docencia es un asunto de seducción.

"Cómo voy a seducir a mis estudiantes cuando veo esos cuadritos negros donde dice Sultana o Fulana. Uno ni siquiera sabe si están. Ahora sí me enfurezco y les digo: 'mire, ustedes me prenden todos la cámara y me importa un carajo si están en piyama o si el gato está encima… Las quiero ver'", cuenta Thomas.

Su trabajo la ha llevado a convertirse en usuaria de Microsoft Teams, Zoom, Google Meets y otras aplicaciones de videoconferencia. Así mismo, utiliza Twitter esporádicamente. "Tengo un montón de seguidores, 21 mil, algo así. Escribo muy poco, aunque cuando escribo, es algo contundente", dice.

Aunque si se trata de destacar, WhatsApp es la aplicación que más utiliza. No solo le permite mantenerse enterada de la actualidad, también cambió del cielo a la tierra la forma de relacionarse con su familia. Recientemente, gracias a esta app, se contactó con sus hermanos en Francia, con quienes no se comunicaba hace años.

Las TIC, en general, son para ella una conexión con el mundo, un progreso maravilloso que puede ser una oportunidad para hombres y mujeres de toda Colombia.

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"Uno se vuelve feminista con su historia"

Para Florence, entender el feminismo, significa emprender un camino para alcanzar una sociedad mejor para todos sus habitantes. De hecho, es enfática en señalar que mejores oportunidades para las mujeres traen consigo efectos positivos en todos los aspectos socioeconómicos de un país. Tantos que, para ella, sobra citarlos.

Se pregunta por qué cuesta tanto entender que todos los seres humanos tienen derecho a los mismos derechos, y en específico las mujeres, a una vida digna y autónoma. Es por este motivo que lo señala: el feminismo es subversivo.

"Yo recuerdo las primeras marchas en la séptima, en los años 80, 90, cuando gritabamos mi cuerpo es mío y sobre mi cuerpo decido yo… No te imaginas, lo que nos gritaban desde los andenes, nos trataban de todo", dice.

Luchar por el voto, por estudiar, por trabajar, por decidir, por no ser violentadas, por el cuerpo, por el reconocimiento, por todo. Un contrapunto generalizado que, según Florence, ha permitido a las mujeres avanzar .

"Es decir, 'no señor, hasta aquí, no se acerque más', es 'no, déjeme hablar', es 'no, yo no quiero ser madre y cuál es el problema', es un 'no, no voy a ser así, quiero estudiar'. Es un 'no' que podríamos traducir en mujeres transgresoras de los estereotipos de género, en una lucha para construir un nuevo camino y no repetir todo lo que la cultura quisiera que seamos".

Una lucha que toca a todas las mujeres del mundo, de una u otra forma, y que, por ese motivo, es diversa. "Uno se tiene que inscribir con la palabra feminista, hay mujeres en Colombia a quienes no les gusta que las llamen feministas, pero que tienen la práctica de vida súper feminista", agrega.

Una lucha heredada de abuelas a madres y de madres a hijas, que abre caminos y que tiene mucho por delante. "Ellas saben que han recibido una herencia de sus abuelas. Ellas pueden votar, tienen anticonceptivos, nosotras no, no teníamos nada.

Son muchísimo menos vulnerables de lo que nosotras fuimos. Nosotras nos encontramos frente al muro patriarcal donde no había una sola fisura, ni una".

Una lucha que comenzó hace siglos, cuando las mujeres no se llamaban feministas. "A La Pola nadie la llamó feminista, luchaba por la independencia, por la libertad", y que hoy continúa en todos los espacios, en todas las mujeres… "Uno se vuelve feminista con su historia, por eso hay miles de maneras de ser feministas", dice Florence Thomas.

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